El monstruo que se comió a mi madre (1956 – 2022)
Camino a casa
Nací cuando mi madre tenia 21 años, fui una niña muy deseada ya que mi madre había perdido otro bebé anterior.
Ella, auxiliar de enfermería y puericultora con una gran capacidad intelectual, devoraba libros, educada en una escuela de monjas en la que se sentía muy integrada e hija de campesinos con pocos recursos. No le gustaba sus orígenes, ni el campo ni los animales, más bien lo detestaba y en mi opinión sentía vergüenza de ello. Muy elegante y llamativa a la par que distante y selectiva en sus interacciones.
Narra mi abuela que nunca la comprendieron bien que ella tenía un comportamiento difícil y que lograba siempre lo que quería. Mi abuela se siente culpable porque cree que la consintió demasiado y no supo llegar a ella.
Su primera hermana, mi tía, fallece de leucemia con 4 años y mi madre tenía 6. Parece que nadie logró llegar a su complejo cerebro y explicarle bien lo que ocurría. Supongo que mis abuelos y concretamente mi abuela, tenía miedo a perder a mi madre también y ahí comenzó una excesiva preocupación por su salud. Tres años después, cuando mi madre tenía ya 9, llega su segunda hermana, una relación que mi madre percibía como buena ya que decía que era como una hija y mi tía creo que todo lo contrario, la describía como denigrante y le hizo mucho daño vital.
Por lo visto el primer amor de mi madre tuvo mucho significado para ella ( sobre 16 años estimo…) y para toda la familia porque era más mayor y mientras él salía, a ella no se le consentía… y él seguramente no se lo tomaba muy en serio. Hubo un gran sufrimiento por este hecho, narra mi abuela.
Luego llegó mi padre y sin ser mayor de edad (20 años), mi madre se fue con él sin aprobación ni apoyo familiar. 9 años los separaban y en aquella época era todo un desafío este comportamiento… Tras perder a su primer hijo en común, nací yo. También fue una relación carente de entendimiento y respeto, eran de dos mundos completamente distintos. Donde hubo infidelidades por parte de mi padre y abusos económicos así como ausencia de responsabilidades como padre.
Todo ésto fue mermando la salud mental de mi madre, además de padecer una enfermedad hormonal autoinmume que le producía una alternancia entre Graves–Basedow y de Hashimoto, difícil de controlar por ser contrarias. Curiosamente varias generaciones de mi familia padecen enfermedades autoinmunes hormonales. Siempre sospeché que guardan bastante relación las enfermedades mentales femeninas con enfermedades hormonales y que no se le presta la debida atención…. Además o largo de mi trayectoria profesional, seguí observando esta “coincidencia” y lo denomino así, coincidencia, porque al consultarlo, diversos sanitarios han negado esta situación …
Yo no viví la separación de mis padres a mis 7 años nada bien. Algún día escribiré sobre ésto ya que sigo observado que a pesar de pasar los años, las parejas cuando se separan siguen cometiendo los mismos comportamientos perjudiciales hacia sus hijxs que viví yo, pero hoy ya es bastante extenso el tema….
A los 4 años ya convivía con mis abuelos y con mi tía (que me llevaba 12 años) en el entorno humilde de una granja (entorno natural que me llenó, me enseñó y me apasionó). Estuve hasta los 13 años.
Hasta aquí, notaba la protección de mi madre, su cariño, sus pautas educativas consecuentes y coherentes, me inculcó la autosuficiencia, mi derecho a la igualdad, mi derecho a decidir, el ahorro, la importancia del esfuerzo, alimentación equilibrada, hábitos saludables, hábitos culturales, me fomentó mi curiosidad y mi parte más social … pero comenzaba a palpar un desequilibrio en su salud mental que yo cubría con mi abuela que para mi es como un roble. Notaba el maltrato de mi madre hacia mi abuela y demás personas muy cercanas, su aislamiento porque todo el mundo era “una mierda” para ella, su ego, a la par que su tristeza y que estaba metida en la cama todo el día salvo cuando trabajaba. En su trabajo era la perfección hecha realidad además no paraba de estudiar para ser más eficiente llegando a tener conocimientos médicos muy superiores a su categoría. Fue la primera en la oposición para sacar plaza en su comunidad. Y su gran ilusión era tener una casa propia en la que vivir conmigo de forma autónoma.
Aún así, se casó de nuevo cuando yo tenia 13 años, me arrancó de mi entorno seguro y me fui a vivir con ella y su pareja (luego sabríamos que con problemas de salud mental también, pero con gran estatus social), nos fuimos a la ciudad. No conocía nada, me sentía fuera de lugar y me faltaban mi abuela y mis animales.
Luego se sucedieron un montón de hechos en su vida que ahora comprendo que eran desagradables, pero normales y que no supo gestionar adecuadamente. Y cuando comencé la adolescencia, ella empezó a verme de otra forma. Era un amor – odio. Pude vivir una batería de comportamientos manipuladores, minusvaloraciones e incluso vejaciones y agresiones que no comprendía y que me resultaría muy largo de detallar.
Cuando cumplí 17 años, me pagué con lo poco que me pasaba mi padre un Psicólogo al que fui a escondidas y él, se puede decir que me salvó la vida porque mediante el método que yo denominé, en aquel entonces, “socrático”, me hizo llegar yo sóla a mis propias decisiones y conclusiones, terapia en la que siempre estuvo presente el recurso del sentido del humor y una pizarra para esquematizar y/o dibujar. Hubo momentos en los que no tuve dinero para pagarle y me recibió gratis. Nunca podré estar más agradecida.
Mi padre ya tenía una nueva familia y lo sentía tan distante… no podía contar con él. Además es que yo no sabía expresar lo que sentía. Creía que lo que me pasaba era culpa mía, creía que yo era la que estaba mal, llegaba con miedo del instituto a diario, no comía, mi madre no me dejaba dormir, si tenía exámenes me hacía la vida imposible… Comencé a una academia porque necesitaba apoyo de inglés y allí me quedaba en un aula a hacer mis deberes…gracias a eso pude llegar a COU y selectividad. En mi opinión, en aquella academia quizás se dieron cuenta de mi situación y de alguna forma, me reforzaron y me dieron el espacio, gratis, para acabar mis estudios. En casa era ya realmente imposible.
Me fui de casa con 18 años, me busque un trabajo y me saque mi carrera (me llevó mis años, pero nunca claudiqué).
En realidad, mi intención era no seguir estudiando y trabajar 40 horas semanales de camarera o lo que fuera, pero hasta en ésto tuve suerte. En una entrevista de una famosa ETT, la chica de recursos humanos, me convenció para trabajar en una empresa de comida rápida 20 horas, los fines de semana y no dejar mis estudios. Superé ese proceso de selección y así lo hice. Entonces, después de muchas vueltas buscando diversas opciones , volví a vivir con mis abuelos que aunque ellos creían que no podían darme más que una cama y comida, me daban calma y estabilidad, algo que ellos nunca sabrán el gran valor que tuvo para mi.
Nada más pude me fui a compartir piso porque no quería ser una carga, entendía que les correspondía ser abuelos y ellos, se cargaban la responsabilidad como padres y ya tenían su edad…aún así, siempre sentí como hogar, su casa y pasaba todo el tiempo que podía allí.
Mi madre tuvo un aborto que vivió muy mal y se divorció de nuevo, hubo hasta una orden de alejamiento. Para entonces ella tenía 39 años y una jubilación total. Y comenzó a vivir sola. Intenté vivir con ella y ayudarla, llamé a todas la puertas que pude, salud mental, servicios sociales…. pero sin éxito. Mi abuela le pagó servicio doméstico por las mañanas y yo iba a comer y por las tardes, pero ella nos echaba de casa y era agresiva con nosotras … no se dejaba ayudar.
Cada vez era menos mi madre y más su trastorno. Manipulaba mediante su salud… por ej. podía fingir que le dolía una pierna y cogear y al rato, mientras te insultaba por otra cosa, olvidarsele. Podía sentirse mal y llamarte y echarte la culpa porque el motivo era que le habías enviado malas energías, podía mantener un discurso con palabras muy elocuentes dado su alto nivel cultural y convencer a cualquiera que estaba siendo maltratada por su familia y todos sus males venían por ello. Todas las culpas de lo que le sucedía las tenía su entorno. Era increíble y paralizante, las manipulaciones afectivas y emocionales que nos hacía sufrir con aquello que ella tenía bien estudiado que sabía nos hacía daño a cada uno/a. Ésta situación era constante. También llamaba a mi trabajo contínuamente amenazándome con suicidarse o cualquier otra cosa. Y si sabía que era época de exámenes los chantajes y llamadas de atención eran a diario, llegué a creer que quería desestabilizarme para que no los superase porque en muchas ocasiones, así fué. Cambiábamos de profesional de salud mental cada vez que la llegaban a conocer y le exponían una terapia que conllevaba cambios por su parte y una visión de la realidad que difería de la suya. Hasta que me planté y le dije que escogiera… que si quería mi ayuda tendría que ser siempre el mismo recurso quien le atendiera y escogió, la sanidad pública. A pesar de la relación tortuosa, me consta que yo siempre fui su centro en la vida y ante la posibilidad de que me desvinculara para siempre, a veces lograba que reaccionara.
Así que puse límites a sus manipulaciones y vejaciones y seguí intentándolo desde ahí.
Y llegamos a consumos de alcohol mezclado con pastillas que su médico le recetaba en grandes cantidades, vinculaciones afectivas con personas del mundo esotérico y delictivas, desórdenes alimenticios, violencia, autolesiones … ingresos en áreas de salud mental… Su relación con la familia dejó de existir por completo porque era agresiva y violenta ( sobretodo psicológicamente, pero también llegó a ser física) sólo quedamos, mi abuela y yo . Yo sentía miedo a encontrarla un día en un banco en la calle… estaba ya muy deteriorada la situación… y la angustia e impotencia me invadía a diario.
Cuesta mucho para una hija y familia entender, asimilar lo que está pasando, asumirlo, creértelo… por lo que más cuesta aún tomar decisiones, pedir ayuda o saber a quién recurrir, pero si logras hacerlo, puedes desesperarte picando puertas que no lo lograrás, hasta que te das cuenta que sólo te tienes a ti como recurso y no sé cómo, pero tu tiras para adelante, con ella y contigo misma.
En aquel entonces, dí en el servicio de salud mental público con una psicóloga que cuando mi madre tocó fondo me ayudó a buscar un recurso privado (de forma altruista y fuera del sistema). Mi abuela creo que vendió parte de sus propiedades y la ingresamos en un lugar donde trabajaron su deshabituación, equilibraron su medicación, orden alimenticio y cuando salió, la pudimos convencer para ir a una residencia de mayores porque no había otro recurso… no os voy a decir el coste que supuso ésto, pero una familia de clase media no podría ni planteárselo sin hipotecarse.
Ella ya tenía 51 años y ya nunca dejaría de estar institucionalizada. Aunque hasta la pandemia salía , tomaba café , se compraba lo que necesitaba... Luego ya desarrollo mucha ansiedad a salir y empeoró su estado de salud.
En su primera estancia residencial para mayores una amiga me ayudo mucho a su integración, pero luego simplemente fue la única opción, un recurso que no se ajustaba a sus necesidades.
Al menos, ya estaba más estable en cuanto a su salud física, pero su cerebro y trastorno se había agravado…
Odio las etiquetas y más en salud mental, creo que cuando te ponen una, te limita a lo que se espera que seas según esa etiqueta y yo creo que se puede ir más allá, creo que lo escrito no siempre tiene razón ni está personalizado y que cada ser humano/a puede lograr modificar lo que se proponga y no lo que ponga un papel, yo lo he visto…. además podemos equivocarnos en la etiqueta y llegar a lograr una “profecía autocumplida” que sin etiqueta no se daría…. por no decir que en muchos casos al poner la etiqueta se produce una argumento para que el paciente justifique que no puede cambiar… también creo que nos falta mucho conocimiento aún sobre el funcionamiento del cerebro y sistema humano, pero bueno, en este caso daré el diagnóstico de mi madre “ TRANSTORNO DE LA PERSONALIDAD HISTRIONICO Y ANSIOSO – DEPRESIVO”.
Decir que mi madre mejoraba con pautas y límites, mejoraba con trabajo psicológico que yo, por ser su hija y sus características manipuladoras, no podía aplicar más que de forma limitada en el tiempo y con pequeñas temporalidades porque al final, era mi madre y tenía que cuidar hasta donde involucrarme, por mi propia afectación. Tuve que trabajar mucho ésto y sentirme muy mal y culpable por poner distancia, pero finalmente no supe hacerlo de otra manera. Yo estaba cuando me llamaban para lo importante y con ella, de forma muy medida y puntual. Al final el apego emocional es necesario. Tuve que mentalizarme que mi madre como persona de apego ya no estaba que ya no existía, había desaparecido. Apoyo a la familia, nunca recibimos.
A estas alturas a mi madre la habían catalogado como crónica mental y ya sólo la veía (cuando la veía) el o la profesional psiquiatra que tocase en cada momento. No había pautas psicológicas ni apoyo en el ámbito residencial que, por cierto, no están preparados para éste tipo de pacientes, jóvenes (menores de 65 años), pero con patologías de la conducta. Acabaron manifestando, en los últimos años su desagrado y «odio» hacia ella. Yo les había explicado días antes de su fallecimiento, por primera vez desde hace muchos años, mi preocupación por cómo estaba mi madre ( incoherencia en el discurso, yo la conocía y sabía que esta vez era real, casi no me reconocía, somnolencia, cambio de color de la piel y de rictus facial, mirada perdida … ) y que creía podía estar haciendo una acidosis, por un cambio de medicación psiquiátrica que pensaba podría complicarse con su epoc. No era la primera vez que ocurría con el epoc y esa medicación , yo creía que podía estar volviendo a intoxicarse de CO2 y entrando en estado comatoso así que les dije que que por favor llamasen al médico o la llevasen a urgencias. Ellas decían que se estaba «haciendo la enferma» a pesar de los síntomas evidentes. Dos días después, murió por una intoxicación de CO2 ( acidosis ).
Me sentí y me sigo sintiendo culpable por no creer en mi ( que no soy médico ), por no ser capaz de valorar la gravedad y actuar por mi misma a pesar de que el médico no apareció tras la llamada ni la psiquiatra me atendió aunque insistí en el motivo. Además de la postura del centro residencial.
Pero bueno, íbamos por su reciente ingreso en un centro para mayores… y a partir de ahí paulatinamente mi madre fue padeciendo enfermedades propias de la evolución humana así como los efectos adversos de cada fármaco que le daban y que en muchas ocasiones no precisaba porque como ya dije, su problema era conductual y ella respondía a las pautas más que a los fármacos.
En su caso, le dieron algunos tratamientos psiquiátricos, contraindicados para su enfermedad tiroidea y epoc. Pude experimentar como los enfermos de salud mental no reciben un apoyo integral a su salud…. yendo a cada especialista a tratar “su parte” sin tener en cuenta las demás patologías o sus características conductuales transversales, propias de su trastorno. O como yo, como familiar (que no tengo por qué tener idea) , le tengo que explicar en un ingreso a una neumóloga lo que es el histrionismo y como afecta al comportamiento de la paciente… También he tenido que explicar lo que significa la conducta histriónica a la valoradora de dependencia. Me he encontrado con siquiatras que le dan medicación contraindicada con el epoc a pesar de ir con su informe que expone su problema respiratorio y especifica la no pertinencia de estos medicamentos, además de acudir a la cita con oxigeno y silla de ruedas, es más, en el caso de mi madre, esta situación provocó su muerte con 67 años como expliqué anteriormente.
Me resultaba muy difícil cada vez que ingresaba que me creyeran cuando explicaba qué parte de lo que mi madre exponía era real y qué parte no lo era (llamada de atención propia del histrionismo) para ayudarla con sus patologías físicas… Me he sentido juzgada cuando se creían su argumento de que la desatendía por ser mala hija a la par que impotente porque veía que se desviaba la atención de lo importante para su salud…hasta que la conocían un poco más y entonces, me creían, pero ya habíamos perdido tiempo que en varias ocasiones no teníamos por la gravedad del cuadro … No podía creer que yendo siempre al ámbito público no se leyeran el historial de mi madre o se coordinasen con especialistas de salud mental. Pensaba en la cantidad de familias que no podrían dar todas estas explicaciones porque bastante es el shock de lo que vives como para poder explicar más, en caso de que lo comprendas, claro… y no me gustaría pasar sin mencionar la estigmatización de la familia … que si el trato al paciente es así, a la familia se la trata como si fuera una familia disfuncional o patologizada, te ves intentando demostrar continuamente que eres funcional y con equilibrio mental.
Pude asistir al abuso de desatención que se hace de alguien por tener un trastorno catalogado como crónico o como no se hace efectivos sus derechos porque no hay nadie en ese momento para defenderlos, simplemente por estar institucionalizada y tener un trastorno de conducta y los prejuicios que existen entre profesionales sobre ésto … Un día de esos que ingresó con necesidad de asistencia para eliminar el CO2 de su cuerpo, me explicaron que solo había un respirador en urgencias y que si llegaba alguien mas “Apto” ¿? que mi madre ( ¿por estar institucionalizada y tener un trastorno de la personalidad? Si, por eso, me vinieron a decir…) , se lo darían a la otra persona y ella, se quedaría sin él pudiendo fallecer por ésto…menos mal que de aquella salió porque era «joven» y fuerte, pero le quitaron el respirador superior antes de tiempo. En otra ocasión, no fue trasladada a la UCI por nuevamente, su característica de institucionalizada y conductual, le hacía tener menos derecho para ocupar una cama allí aunque su gravedad era para ello, la cama se quedó vacía ya que habia que tenerla de reserva en la UCI y ella, fue a planta sóla, pero no se murió tampoco de aquella porque estaba bien físicamente y era fuerte.
¿ Y qué prejuicios son los de estar institucionalizada y con problemas de salud mental? A ver si con estos ejemplos logro dar respuesta…
Ante los ingresos que tuvo por temas respiratorios, se la trató y valoró como gran dependiente hasta que pude contestar a cuestiones como:
- “ si esta institucionalizada, entiendo que no camina y usa pañal ¿no?”, no perdone, mi madre tiene un trastorno de personalidad que afecta a su conducta por eso está institucionalizada, pero mantiene un grado de autonomía físico, es más según la ley de dependencia grado I.
- “si está institucionalizada, entiendo que no come sóla y/o tiene problemas de deglución …” no perdone, deje el yogur ahí que puede comerlo sóla, lo que hace es intentar llamar la atención por su trastorno de conducta, pero por favor, no se lo dé, puede sóla.
Podría poner muchos más ejemplos, pero nos extenderíamos mucho y para hacerse una idea…yo creo que sirven éstos.
Al recoger sus cosas tras su defunción, me encontré con unos dibujos simbólicos, no era gran dibujante… pero expresaban lo suyo… en los que siempre buscaba el camino a un sitio seguro a casa y el relato de su vida manuscrito dividido en capítulos cuyos títulos son muy significativos de cada fase de su vida, en todo ello, se aprecia el gran sufrimiento que padeció y que cualquiera al leerlo podría empatizar con él.
Creo que tuve con ella la relación que ambas podíamos tener, no supimos o no tuvimos capacidad para otra distinta, pero también creo que como humanidad fallamos a estas personas a las cuales ni intentamos llegar o comprender para aliviar tanto dolor y que padecen una gran falta de empatía y “saber estar” humano/a. Y no hablo ya de la ética profesional o del propio sistema de protección que creo poco más hay que decir tras esta lectura.
CAMINO A CASA 
En 2022 comprendí, gracias a una persona que aprecio mucho que mi madre era esa mujer que estaba debajo de su trastorno y que cuando era pequeña, ella era un 90% mi madre y un 10% su trastorno y paulatinamente el trastorno se la fue comiendo hasta que en 2022, cuando fallece era ya un 100% el trastorno y ya no quedaba nada de mi madre… mi duelo consta de dos bien distintos; duelo por mi madre y duelo por mi madre comida por su trastorno… (gracias por hacermelo entender Bea).
Muchas gracias a todas las buenas personas que me fui encontrando que muchas veces sin pedir nada porque entre otras cosas ni yo sabía lo que necesitaba, observaron, estuvieron y me ayudaron.
Y ojalá podamos cambiar algo en el campo de la salud mental para aliviar tanto sufrimiento y búsquedas de «caminos a casa» tan frustrados que a mucha gente le hacen creer que no es positiva su existencia.

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