Ella vivía con miedo a no tener trabajo, a quedarse sin recursos y no poder abordar sus gastos vitales. Nunca le cayeron los anillos por trabajar de lo que sea… Muy bien formada y con competencias muy valoradas en los entornos de trabajo en los que estuvo o eso le habían dicho siempre. Siempre dispuesta a aprender y a trabajar duro.
En aquella empresa de ámbito internacional la habían visto trabajar desde otro departamento, se habían fijado en ella, en su esfuerzo y eficiencia (así se lo transmitieron). Así que cuando finalizó su contrato por una excedencia, la jefa del otro departamento le ofreció un puesto.
Ella aceptó. Era algo provisional, era un contrato para tres meses y unas funciones muy concretas, repetitivas y sencillas, un proyecto con inicio y fin. Buen horario, buen sueldo, cobraba igual allí por un nivel de cualificación 3 (Bachiller o FP) que en otros lugares con un 4 (Universitario).
Durante esos meses se integró en la plantilla del departamento otra persona que ostentaba un puesto de nueva creación ya que la empresa estaba teniendo muy buenos resultados.
Cuando Marta llegó, se dio cuenta que no compartía valores ni intereses con el equipo de personas con las que trabajaba, es más, eran bastante contrarios, pero a ella le dio igual, iba a trabajar, no a hacer amistades y el fin laboral era el mismo, cumplir objetivos. Estaba muy contenta, ¡¡¡¡tres meses más de trabajo!!!.

El horario dejaba muy poco espacio para desplazarse a casa a comer así que ella almorzaba allí con las demás.
Marta desde su lugar , comenzó a observar que el equipo de compañeras que en ese momento eran seis, se dedicaban durante el tiempo laboral a comprar ropa en tiendas y probarla todas juntas en los espacios destinados a trabajar, comprar on line artículos de belleza, salían a tomar vinos y cañas dentro de la jornada e incluso había relaciones muy poco profesionales con los clientes (en su mayoría hombres). Se insinuaba que era positivo la forma de vestir “femenina” y el “maquillaje” como marca de departamento. Y cuando se daban la vuelta se ponían verdes las unas a las otras. Marta aún era nueva y procuraba no participar en esas actividades que para ella no eran agradables, no le gustaba compartir con desconocidas y no encajaban con su forma de ver el ámbito laboral e incluso la vida.
El grupo toleró que ella no se involucrara mucho.
El departamento contaba de 1 JEFA, Macarena.
3 ESPECIALISTAS ;Juana,María, Jessica.
3 PERSONAS DE APOYO (Sheila, mano derecha de Macarena, una provisional que era el puesto de Marta y otro de reciente creación que ocupaba Monica).
Sheila, La compañera de apoyo que llevaba tiempo comenzó a llevarse mal con la que venía para el nuevo puesto, Mónica. Así que la trabajadora más antigua que tenía una gran amistad con la jefa, Sheila, comenzó a hablar mal de la nueva compañera a todo el mundo, mientras con ella mantenía un buen trato. Mónica a su vez había entrado a trabajar por recomendación de una de las especialistas, Jessica. El conflicto finalmente se hizo manifiesto.
Marta finalizó su contrato en silencio e intentando pasar desapercibida y se fue.
Tiempo después, Sheila visitó a Marta en otro empleo que había logrado para 10 días. Era la compañera con la que más había congeniado durante su contrato de trabajo allí. Esa chica parecía reconocer sus competencias, se interesaba por su vida y cómo estaba…y ese día le verbalizó que le gustaría que fuera Marta la que ocupase el puesto de nueva creación.
Al poco tiempo Marta recibió una llamada para proponerle ese nuevo puesto… Mónica ya no estaba. Y la jefa, Macarena, le comunica a Sheila que sería la encargada de enseñar a Marta en las tareas específicas del puesto. Marta estaba muy contenta, le adjudicaron su espacio, su ordenador y le dieron material.
Ella notaba que excepto las tareas que no precisaban que le enseñasen, nadie le explicaba cómo realizar esas funciones específicas. Ella llegó a manifestarlo en una reunión de equipo, comentó que podría abarcar más si la formaban … y durante un tiempo insistió sobre este tema a su compañera, Sheila, que siempre aplazaba el aprendizaje.
Pronto se dió cuenta que le empezaban a corregir su forma de vestir que no les sentaba bien que no fuese a tomar vinos que no agradaba que no tuviera interés por la ropa o no participase de juegos seductores con los clientes que no aprobaban que no se interesase por las cremas para rejuvenecer, que no les gustaba que no se ríese de determinados colectivos desfavorecidos…
La media de edad del grupo eran los 40 años y la clase social, evidentemente, alta.
Marta recordaba que una vez Sheila había comentado que hubo una chica en prácticas y un día se había ido llorando, no había aparecido más y se burlaban de ella; «de prácticas con la edad que tenía, no sabía hacer nada, la voz no se salía del cuerpo, no tenía energía…» Marta comenzaba a acordarse porque creía que podría estar pasándole lo mismo que aquella chica porque se sentía mal sin saber por qué.
La culpabilidad invadía a nuestra protagonista, creía que no tenía habilidades para integrarse en determinados ambientes que no sabía gestionar la situación, se leía libros de asertividad, tolerancia, trabajo en equipo…. Su entorno le decía que eran tonterías que dejase esas situaciones allí que separase de su ámbito privado y que lo importante era que tenía trabajo y a final de mes una nómina.
Entonces ella, seguía hablando con Sheila de lo mal que se sentía y parecía comprenderla cuando estaban solas. Pero a la par notaba que esta compañera tras seis meses seguía sin enseñarle ninguna tarea nueva es más, le comenzaba a quitar trabajo. Le verbalizaba con malas formas que no lo hacía bien, al principio le pedía perdón, pero pronto fue la tónica habitual. Un día le arrancó el teléfono y le dijo que no sabía contestar adecuadamente, otro día se puso físicamente entre ella y un cliente de malas formas y luego le dijo que no sabía tratarlo… en otras ocasiones, le decía que hacía tareas mal (las llevaba haciendo durante 6 meses y siempre le habían dicho que estaban correctas…). Llegó un momento que Sheila ya no se medía delante de la gente y el resto del equipo agachaba la cabeza o hacía como si fuera normal.
Marta comenzó a sentirse temblorosa, con miedo, no entendía nada. Estaba en tensión continua durante el trabajo y cuando salía, se sentía liberada, pero a medida que pasaban las horas, contaba las que le quedaban para volver a trabajar y se iba poniendo paulatimante peor. Entonces ya no dormía, ya no comía…. así que decidió ir a su casa al medio día a almorzar, pero sólo el hecho de volver le producía vómitos o diarrea.
Era verano, en el trabajo hacía mucho calor, Marta, producto de la ansiedad, se ahogaba en la oficia, abría su ventana y nada más hacerlo, Sheila se la cerraba con cara de enfadada y de un golpe. Como no tenía tarea y no podía estar quieta hasta los baños limpiaba de vez en cuando sin ser su función, era una búsqueda continua por encontrar algo para hacer….
Le dieron vacaciones y le dijeron que no le podrían renovar aunque le quedaban aún 2 meses de contrato … Y a la vuelta, se encontró con su sitio ocupado por otra persona y sin mediar explicación, ella estaba ubicada en una mesa de ordenador en malas condiciones, cara a una mampara opaca, sin material ni recursos, Macarena estaba también de vacaciones y sus compañeras ni le dirigían la palabra.
Personas de otros departamentos le decían a Marta que la veían mal y que así no podía seguir, se le escapaban las lágrimas a todas horas y seguía sin tarea. Ella notaba una tensión mayor en el ambiente esos días, pero no entendía nada. El estado en el que se encontraba no le dejaba ver…
Hasta que una de las especialistas, Jessica, verbalizó en tono muy alto a Sheila que – no estaba dispuesta a aguantarla otros dos meses con esa cara ahí – y Sheila le contesta que – qué quería que hiciera con ella si no sabe hacer nada… -. Era evidente que pretendían que Marta lo escuchase…
Entonces, ese día, Marta comprendió de golpe lo que ocurría, como un jarro de agua fría y a pesar de encontrarse fatal se acercó a ellas y les preguntó qué sucedía. Ellas le manifestaron que estaba con mala cara y Marta, guardando las formas en todo momento, les explicó que llegar de sus vacaciones y encontrarse desplazada así pues le producía desagrado, les invitó a empatizar diciéndoles que cómo estarían ellas en su lugar y que hubiera agradecido que como “compañeras” le hubieran explicado la situación. Sheila se dirigió a Marta gritándole y recriminándole que no tenía nada que decirle a Jessica y se fue sin dejar opción a la contestación con un portazo. Jessica también le contestó que no era cosa suya explicarle nada y que no era culpa de ella si Macarena estaba de vacaciones y que además, ella no les era útil porque no había aprendido nada. Entonces Marta expuso que nadie le había enseñado a desarrollar tareas y le recordó que ella lo había verbalizado, había dicho en su momento que podía aportar más si la formaban, adoptando ese compromiso y que de sobra sabían que ese trabajo precisaba que alguien la tutorializara porque sóla no podía aprender, es más, se le había asignado para ello a Sheila que nunca quiso o pudo enseñarla.
El ambiente había ido a peor y el temblor de manos y el llanto contínuo evidenciaba que Marta sufría un estado de ansiedad y alerta continua que todo su entorno y departamentos veían menos sus compañeras.
Ella preparó su carta de baja voluntaria y ese día, se llevó todas sus cosas. La enviaría desde su casa de forma más tranquila. Nadie se dio cuenta de nada. Ella quería irse y que se borrase de sus mentes todo como que nunca hubiera estado allí ni la hubieran conocido. Quería irse por un agujerito como si fuese un ratón y tener la capacidad de borrar su recuerdo en todas las compañeras como si nunca hubiera pasado por sus vidas.
Su familia la veía mal así que la acompañó al médico que le dio la baja y la derivó a salud mental. Nunca más volvió por allí.
Los partes de baja los llevaba su entorno y así finalizó el contrato. Ella se encerró en casa sin querer salir, sentía vergüenza y no quería encontrarse a nadie.
Pronto la llamaron de la mutua y al ver en el estado que se encontraba, la médica le fue dando pequeñas pautas para superar los síntomas sin juzgar, sin culpabilizar y sin preguntar el motivo, sólo acompañándola en el proceso que se evidenciaba. Actitud poco habitual desde estas estancias… Marta quedó muy agradecida por la empatía y comprensión.
Posteriormente acudió a un Grupo de Apoyo Mutuo sobre Acoso en el Trabajo en el que su médica de atención primaria la incluyó y ahí comenzó a comprender como aquella compañera de apoyo,Sheila, NUNCA tuvo en sus planes tener ninguna «compañera» y que por una lado la apoyaba y tranquilizaba y por otro, iba con información tergiversada a las demás para dejar a Marta mal, creando así un imagen irreal a su antojo y manipular al resto del equipo. No le daba trabajo para luego decir que era incapaz y no mostraba interés y así eliminar lo que Sheila creía que era, la competencia de una persona muy válida y con unas características laborales interesantes para la empresa. Allí Marta entendió como aquella chica en prácticas seguramente había sufrido este mismo maltrato o como la compañera anterior ya no estaba allí por alguna situación similar y que otras personas lo sufrirían detrás de ella como así ocurrió. Y entendió que por mucho que leyera sobre asertividad, sobre flexibilidad o sobre equipos de trabajo, ella no era el problema ni tampoco su culpa.
Éste es el caso de Marta, pero puede haber sido el tuyo o serlo en un futuro. Luchemos por una ley que proteja a las personas que sufren «maltrato» en el ámbito laboral y que no sean ellas las que después de vivir algo así tengan que demostrarlo porque ya no pueden, su sufrimiento, su bloqueo y su proceso NO se lo permite. Y sobre todo, si lo vemos, no nos callemos .

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