SALUD MENTAL Y PROCESOS VITALES NATURALES

¿Cómo pasa una de querer parir a ni planteárselo?

EL GRAN COSTE DE LA MATERNIDAD EN LA SOCIEDAD ACTUAL

Soy mujer y ya tengo 42 años. Es increíble cómo lo que ocurre a tu alrededor, moldea lo que una pensaba que eran sus objetivos vitales (más bien eran los sociales, pero yo no lo sabía…).

Comencé mi niñez con las muñecas en la mano dándoles todo tipo de cuidados, ya actuaba en un papel materno y lo asumía como algo propio hasta el punto de ser la típica niña (6 años) que cuando iba al parque en vez de jugar, cuidaba de mis prim@s o me encantaba darle la merienda al o el más pequeñ@. Se me orientaba al NO uso de las pistolas o los coches y se me reñía por tener moratones en las piernas, subir a los árboles y ensuciarme, era un poco “bicho” , mientras la mayoría de mis primos y vecinos “niños” no sufrían la misma etiqueta al comportase igual y por supuesto, tampoco tenían muñecas propias (solo un primo porque sus padres eran muy avanzad@s para su época).

Posteriormente tuve varias relaciones desde los 17 años y en todas ellas, al principio, quise tener hij@s, luego no me convencieron ni las condiciones ni los progenitores. Pero tenía sus nombres pensados y quería ser madre joven como lo fue mi madre , mi abuela y mi bisabuela (todas a los 21 años). Aquí jugó un papel muy importante pertenecer a una familia de padres separados y que mi madre me inculcase la idea de no depender NUNCA de ninguna pareja. Por eso, mi plan era no tener hij@s hasta poder mantenerl@s con mi trabajo porque ya entendía que un vínculo de pareja se podía romper, pero uno filial no, nunca. Y la otra componente imprescindible era encontrar un padre que aunque cumpliera con mis expectativas de pareja, lo hiciera TAMBIÉN como padre y tuviéramos en común la forma de VER la educación familiar. Mientras buscaba, cambié de opinión.

Fui educadora de menores durante 5 años e interioricé la gran responsabilidad que conlleva la educación de un/a niño/a y cómo de ello depende SU felicidad y la TUYA. Es muy fácil no hacerlo bien. A todo ésto, acompañó, un montón de lecturas sobre este tema y cuanto más conocía, más difícil me resultaba creer que yo podría hacerlo adecuadamente. Creo que comencé a tener miedo o quizás, hice una valoración más profunda sobre el tema porque a veces creo que la gente no piensa bien lo que conlleva un/a hij@ en la vida, no lo sé.

Pasaron unos años y entramos en crisis económica, entonces se sucedieron los empleos intermitentes y con condiciones laborales precarias, imposible mantener a un/a peque de manera constante y claro, si lo tienes, es para siempre y para poder cubrir todas sus necesidades. Además yo llevaba trabajando desde los 19 años y empezar a asumir mis momentos improductivos, sin trabajo, fue toda una lucha interior personal, se tambalearon mis cimientos ( eso dará para otro post).

Mi entorno comenzó a tener bebes. Y yo observaba PERPLEJA como acompañando al NACIMIENTO estas mujeres se sentían mal, el cambio de rol familiar, que nadie les preguntase si estaban bien porque socialmente TIENES QUE ESTAR FELIZ, en un momento tan vulnerable y de inseguridad para ellas que ni eran capaces de entender por qué no sentían lo que “se supone” deben sentir.

Descubrí que es un mundo que se centra en la atención al/la recién nacida/o, pero NO apoya en nada la salud física y mental de la madre que, en ocasiones, se ve mermada. He podido constatar que se ve normal el maltrato obstétrico, se decide durante el embarazo y el parto sin contar con la madre o que se ejerce presión para que le dé el pecho sin dejarla decidir libremente…que todo el mundo le dice “lo mal que lo hace” cuando las cosas no van bien, pero nadie le dice “lo bien que lo hace” cuando van correctamente porque eso, es lo natural…Todo el mundo se siente en el derecho de opinar.

Muchas mujeres acababan con una depresión; algunas visualizadas y otras, no. Se sienten culpables de sentirse mal y les cuesta pedir ayuda porque DEBE SER EL MOMENTO MÁS FELIZ DE SU VIDA y sino es que eres una mala madre. Pero lo que la mayoría exponen pasado un tiempo es ¿por qué nadie les habló sin sesgos de todo lo que conlleva, de verdad, la maternidad? (eso sí, en voz bajita y con mucho miedo, pero enfado); temas como que también hay momentos muy difíciles, cómo puede cambiar su cuerpo e incluso su sexualidad, la relación de pareja que se tarda en conocer a tu hijo, el miedo, la inseguridad, los bajones, lo que todo el mundo cambia… por mencionar algunas…

Yo nunca me lo hubiera imaginado así y desde un punto de vista de espectadora no daba crédito, es el ámbito de la vida que creía más feliz y sin embargo, es uno en el que más injusticia y machismo he observado.

(He de decir que lo que voy a explicar a continuación es totalmente diferente en los contextos que cuentan con el apoyo de la familia extensa. Es decir, reformulo; que “el/la hijo/a también es de la familia extensa”… cuantas más personas se encarguen del o la peque más se diluye el problema que describo, aunque sigue existiendo. Pero mi idea era que si tenía un/a hijo/a no trasladaría la responsabilidad del mismo/a a nadie que para eso lo tenemos… Me hubiese gustado que disfrutasen de él/ella los demás, pero NO, como una responsabilidad sino dentro del ocio y tiempo libre.)

El cambio de rol hace que dejes de atender tus necesidades para atender las de un/a peque. Pero el caso es que tú sigues teniendo las tuyas y año, tras año sin cubrir, al final ésto conlleva un gran problema de salud física y mental. Sin comer a las horas y frío, sin dormir, sin poder ni ir al WC, sin tener vida social unilateral, sin teñirte, sin depilarte, sin leer un libro, sin ver la tele, sin espacio personal, sin tener tus momentos… y ya si das el pecho a demanda ni te cuento porque lo más probable es que no podrás contar con el apoyo equitativo de la otra parte de la pareja.

Decir también que he aprendido que la mayoría de las  parejas creen que se conocen hasta que llega un/a hijo/a.

Luego comienzas a trabajar y todo se desmorona de nuevo…

TU: todo igual + el trabajo. Vas a trabajar, te ocupas de la organización de la casa y ya no hablo de ejecutar tareas sino de planificarlas y pensarlas, incluidas las comidas de vuestro/a peque, la compra, limpieza…etc. Llegas a casa, jugáis con el/la peque porque ahí aflora el sentimiento de culpa de no estar casi nada con él/ella… y luego, cuando se duerme, comenzáis a realizar las tareas para el día siguiente, comida, ropa… Algunas madres creen que nadie lo podrá hacer mejor que ellas o su madre/suegra y no delegan… y otras, encantadas de delegar… pero no lo logran. Duermes 4 horas y otra vez en pie!!!

A mi no dormir me desestabiliza mucho y creo que a todo ser humano ya que nuestro sistema nervioso, entre otros, se repara mientras duermes, motivo por el cual supongo que las madres que no duermen en años por un/a hija/o tienen que tener la reparación un poco atrasada y por lo tanto, no muy bien.

LA OTRA PARTE: Y aquí se ven los roles sociales que llevamos grabados en nuestro interior desde pequeños (como yo con las muñecas…a ellos las tareas domésticas «no le salen bien…»¡qué cosas más raras!). Él se apunta a cualquier actividad diaria para despejar mientras ella está en casa ocupándose de las tareas que lleva organizando en su cabeza en el tren, en los descansos del trabajo e incluso mientras duerme, lo poco que duerme. Otros días, él se toma unas cervezas al salir del trabajo mientras ella se va corriendo a casa para los quehaceres diarios. Él se levanta menos que tú por la noche («es que no escucha al/la peque», claro, si sabes que ella se levanta, no desarrollas ese sentido…), le consiente más que use el móvil para estar más tranquilo, ejecuta acciones, pero no planifica, algunas tareas no las realiza por que no, no les gusta, no les sale bien…está claro que éstos son meros ejemplos…pero de alguna forma siempre salen esos roles desiguales que achacan a que «casi van impregnados» en el ADN. Pero luego, seguimos diciendo, no, no «él ayuda en casa» o » yo ayudo en casa»…

En muchas parejas, ésto se lleva así, tranquilamente y ambas partes asumen su rol patriarcal. Pero muchas mujeres, entre las que yo me encontraría, querrían su espacio también, su ocio… sus necesidades cubiertas como él las tiene. Yo no quiero ser como un hombre, pero sí querría poder siguiendo ser yo aunque tuviera un hijo/a. He conocido a muchas parejas que en esta situación, discuten porque la otra parte lo ve muy bien todo hablado, hasta que lo hablado se hace efectivo, entonces, comunicación no verbal desagradable, enfados subliminales…reproches indirectos “ yo pensé que tu ibas a ser así o asá”, etc.

Derivado de éste punto en muchas familias se opta por la reducción de jornada, en su mayoría, la de ella. Y tal cual está conformado el tema laboral, reduce los ingresos de ella, los ascensos, carrera profesional…y en muchos oficios, encima haces las mismas tareas en menor tiempo porque eso implica la mal llamada “reducción de jornada” trabajar menos horas semanales, cobrar menos, pero hacer lo mismo. O la otra opción empresarial que consiste en que compañer@s realicen las tareas que quedan sin hacer por el mismo sueldo que antes y en el mismo tiempo … por no mencionar la conciliación laboral… que en España NO existe… Y es que las madres de éste país vuelven al trabajo y allí, también se sienten mal porque creen que no producen igual (en esta sociedad nos miden por nuestra capacidad productiva) y que dan más que hacer a los compañer@s, pero nadie le exige a las empresas que cumplan las leyes por miedo al despido.

Y luego, en casa, tras haber distribuido de forma equitativa y rotativa TODO y cuando digo TODO es TODO (no lo típico de “nosotros lo hacemos todo equitativo” y luego preguntas por cosas que ves que no son así y te dice “bueno esa tarea me da igual hacerla a mi” o “ prefiero hacerla yo porque él no lo hace bien”…), escuchas a la gente “que maravilla de padre, lo va a buscar al cole”, “que maravilla de padre, le hace la merienda”, “que suerte has tenido con él que le parece bien que te vayas una noche de cena con tus amigas…” ¿perdona? Yo hago todo eso y mil cosas más todos los días y nadie le dice a él la suerte que tiene porque yo lo hago y respecto a lo de mi tiempo libre, él nunca ha dejado de disfrutarlo y yo es la primera vez que salgo de casa sóla desde que nació nuestro/a hijo/a…la lucha con los DEMÁS que caracteriza el proceso de tener un/a hijo/a.

AGOTADOR, CULPABILIZADOR, INSEGURIDAD, ABUSO, ENFERMEMDAD, DECEPCION, ENGAÑO, DESIGUALDAD, LUCHA, DISMINUYE LA AUTOESTIMA….

En este post he hablando de la mayoría de las personas que conozco u observo que supongo que habrá algunas parejas (las menos, de eso sí estoy segura) que no se vean reflejado en este post y en ésto de la igualdad no real…perdonadme si a alguien molesto por las generalizaciones, pero entenderéis (o no) que puesto en una balanza; me encanta mi vida tal cual es y no veo la necesidad de someterla a semejante cambio que conllevaría una gran lucha con los demás, con mi entorno, social, laboral, económico… y seguramente de pareja ( porque yo creo que los valores machistas están ahí en todos y todas… y ante las dificultades, se ven más). Antes todo ésto lo desconocía y de cabeza me hubiera tirado a la maternidad, pero ahora que ya conozco la otra parte, ahora que ya lo sé y tengo en mi mano decidir, ni de lejos me aventuraria a tomar esa decisión.

Me han educado para que en mi camino me esforzase y asumiese muchas responsabilidades como clave para ser feliz. He sido una niña y adulta extremadamente responsable y la vida me ha puesto delante muchas oportunidades para demostrarlo y el caso, es que PESAN. Es por ello que he llegado a conclusión que la calma y las menores responsabilidades posibles acercan más a la felicidad que lo que me habían contado. He logrado con los años ser una persona con cierto estado de estabilidad y en todo este maremagnum de la maternidad veo mucha culpabilidad, mucha impotencia, mucha exigencia social y mucho conflicto que no estoy dispuesta a pasar, si puedo elegir.

Eso sí, estaré al lado de las madres valientes que no pretenden ser hombres, pero luchan por la igualdad de derechos en este campo.

Y así llegué a pasar del objetivo vital de la feliz maternidad a poner todo ésto en una balanza y decidir que mi paso por este mundo no dejará un/a niña/o más.

Agradecer a todas las mujeres que me rodean y han confiado en mí durante su proceso maternal (que dura toda la vida) por su generosidad. Todas creereis que este post cuenta vuestra situación concreta, pero en realidad, está centrado en todas vosotras porque pasais por procesos muy parecidos. Deciros que os admiro y os quiero, para mi , sois unas VALIENTES.

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