TRABAJO SOCIAL Y JUSTICIA SOCIAL

¿Seguro que sabes lo que es la CARIDAD y cuál es tu responsabilidad cuando la practicas?

Antes de nada, pedir perdón a tod@s aquell@s sabi@s en la materia y en especial, a l@s que han sido mis maestr@s, por simplificarlo todo tanto…


Para mi es muy importante que comprendamos como sociedad que la Caridad, la Beneficencia e incluso La Asistencia Social fueron modelos válidos en determinados momentos de la historia porque se desconocía cómo intervenir mejor. Ahora gracias a esas etapas, aprendimos, teorizamos y sabemos que hay otras formas de trabajar con las personas y concretamente con un problema estructural como es la pobreza o la exclusión y que además debemos hacer efectivos los DERECHOS que la Constitución Española reconoce a tod@s l@s ciudadan@s.

En la Edad Media, ante los problemas sociales y las desigualdades surgía la ayuda mutua entre vecinos y familia. También existía La caridad liderada por la Iglesia que se daba mediante la limosna, ayuda puntual y voluntaria de los más pudientes hacia las personas pobres. Fue una época en la que se creía que el/la pobre lo era por su culpa y por lo tanto se le trataba como un/a criminal, se le perseguía y castigaba por el hecho de ser pobre y no se consideraba, por supuesto, ciudadano/a.

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En la Edad Moderna, ante los problemas sociales y desigualdades, la respuesta fue la conversión de la caridad de los pobres en el primer Plan Municipal de Beneficencia Pública que comienza a nivel Europeo en el Ayuntamiento de Brujas en 1526. La iglesia deja de tener un papel tan central y comienzan los Ayuntamientos a asumirlo. En España, llega en 1849 con la Ley General de la Beneficencia. El pobre sigue siendo criminalizado, pero también comienza a existir una pequeña idea de protección ante las necesidades.

En la Edad Contemporánea, ante los problemas sociales y desigualdades, de la Beneficiencia Social evolucionamos a la Asistencia Social, como sistema de protección social cuya responsabilidad asume El Estado y donde el pobre comienza a ser un ciudadano de derecho (es decir, se le reconoce como ciudadano que es lo que abre la puerta a tener derechos) aunque siguen siendo culpabilizados. España crea en 1934 el primer Organismo de Asistencia Social. No existe la prevención, ni previsión social.

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Pero con los movimientos obreros surge un sistema de previsión social frente a riesgos de accidentes, enfermedad, paro, invalidez… nacen los seguros sociales obreros y posteriormente LA SEGURIDAD SOCIAL.

Es una época en la que las personas que trabajan con este colectivo se comienza a preguntar  «¿por qué hay pobreza?». Entonces se investiga; el origen de la misma, las desigualdades sociales, el acceso a los recursos, colectivos concretos que la sufren (mujeres, niños, discapacidad, ancianos…)… Y al hayar resultados, se inicia la lucha; por los derechos ciudadanos, por hacerlos efectivos, por participar en la política social, por movilizar a las personas, se comienza a creer en la autonomía de las mismas y que deben tener un papel activo en su vida para cambiarla, por la justicia social. Nace el Trabajo Social.


Con la Constitución de 1978 las necesidades sociales serán enunciadas y aprobadas como principios democráticos. Con el Derecho Social en mano, se reconoce a todas las personas el derecho a ser Ciudadano. Y se garantiza todo ello, a través del sistema público de protección social (sanitario, seguridad social, educación y servicios sociales) y planes integrales de igualdad de oportunidades.

Es aquí cuando se ve la necesidad de corregir ciertas formas de abordar este problema estructural y se intentan aplicar formas de trabajo cuyas bases eran y siguen siendo, hacer políticas integrales, superando los anteriores formatos marginales (caridad, beneficencia, asistencialismo) que generaban una superprotección paternalista o una marginación institucionalizada.


En la actualidad, ante los problemas sociales y desigualdades, hay un reconocimiento de los derechos de las personas, pero NO, una ejecución de los mismos. Seguimos sin tener un buen desarrollo del Cuarto Pilar de Bienestar que permita una intervención integral con las personas en riesgo de exclusión social, lo que sigue generando dependencia y escasa integración social en vez de un empoderamiento y autonomía.


Esta bien ayudar a las personas pero la historia nos ha enseñado que el CÓMO es importante hasta en las mayores crisis.


Los y las profesionales públic@s trabajan con un ratio que, en algunas partes del territorio Español, asciende a 20.000 habitantes/Trabajad@r Social , eso, es imposible de gestionar. Y las políticas sociales son aún arcaicas, totalmente asistencialistas, no contemplan el intervencionismo de l@s profesionales públicos (sólo las acciones puntuales asistenciales).


Todo ésto, es fruto de una decisión política de las personas que nos representan; hay muchos caminos para cambiar el futuro de la pobreza y más, ante una crisis como la que estamos viviendo… para que se de este cambio es necesario que la población de un paso adelante sino difícilmente.

Los efectos de la caridad en las personas son demoledoras, solventan puntualmente una necesidad física, pero a la persona le destruye su autoestima, le hace sentir culpable por no poder lograr por sí mism@ lo que le están teniendo que DAR, genera sensación de deuda porque le están dando algo DE otr@s, genera dependencia y cronicidad porque no creen que puedan salir por si mim@s de la rueda de la pobreza, paraliza, acrecienta las desigualdades ya que cada persona (la que da y la que recibe) ve reforzada su posición social y se transmite que no está en su mano modificarla, destroza la dignidad … cuando en realidad est@s ciudadan@s tienen derecho reconocido a tener sus necesidades cubiertas sin la «CARIDAD, BENEFICENCIA, ASISTENCIALISMO» de nadie (a la par que fomentar su autonomía y empeoramiento para que no dependan de las instituciones o caridad). Es suyo por derecho y no lo digo yo, es que así lo reconoce LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA. Y como ya hemos visto, ha costado mucho y a muchas personas a lo largo de la historia, llegar a este punto que parece no tenemos aún claro ¡ni los responsables políticos! (Algun@s andan pidiendo limosna, mediante el chantaje emocional que eso supone, a la población abriendo cuentas bancarias…)

Mientras la persona que lleva a cabo la caridad actualmente lo hace por sentirse bien porque notar que está en disposición de dar, le hace sentir que está mejor situado, en mejor situación que a quién da y eso, la reconforta, porque siente su conciencia más tranquila ya que cree que ha hecho algo por otr@ y no piensa más allá que en sus propios sentimientos, no empatiza. Tiene una responsabilidad ciudadana y humana ante esta actuación. Si valorase todo ésto y fuese solidari@; lucharía junto a quien no tiene nada para que le reconozcan sus derechos, sus necesidades cubiertas y una intervención integral para lograr la igualdad. En las urnas, en las calles, con firmas, exigiendo una distribución equitativa de la riqueza liderada por entes públicos, sin protestar cuando le toque pagar un impuesto, trabajaría por empoderar a esas personas que tanto quiere ayudar para que nunca más tengan que sentirse mal por no tener aquello a lo que tienen derecho. O se aseguraría que hubiera profesionales debidamente cualificados y libres de actuación, sin influencias según el partido político que lidere para trabajar en ello.

En realidad esta práctica de la edad media que ha evolucionado hasta los Derechos Sociales reconocidos por La Constitución,  hace que ya haya otros sistemas de reparto de la riqueza más equitativos (que no sea la limosna y la voluntariedad) para que podamos apoyar a las personas que lo necesitan por una vía pública (de tod@s y para tod@s) y cubriendo las necesidades desde el reconocimiento de estos derechos (Constitución Española) y no, mediante las sobras puntuales que a otr@s, de manera voluntaria le viene bien ofrecer para calmar su conciencia,  mientras no le importa lo más mínimo que esa acción hace sentir a la otra persona ciudadan@ de segunda porque ni se para a reflexionar y empatizar. Sólo se queda con las gracias que le dan por recibir algo material.

Y ya para finalizar, me ha llamado la atención que algunos responsables políticos y ciudadan@s afirmaran que no es el momento de llevar a cabo todo éste sistema «¡con la que está cayendo…! ¡Emergencia Humanitaria!». Pues precisamente «¡con la que está cayendo!» es el momento de reforzar y dotar de recursos al sistema de Servicios Sociales (entre otros) y de trabajar con las personas de una manera integral que es la manera correcta de hacerlo (de raíz) sino no se va a poder solventar esta emergencia, será una tirita nada más, pero el problema se hará mayor. Es ahora cuando hay pobreza y exclusión, cuando no la haya (¡ojalá sea así algún día), ya no será necesario implementar esta manera de trabajar, ni ninguna otra. Y «con la que está cayendo»… hombre más que la que ha caído en ciertos momentos históricos … Pero resulta más fácil pedir dinero (abrir una cuenta bancaria) para que cada persona voluntariamente, a veces incluso, las que menos tienen, den lo que puedan, con el lema (chantaje emocional culpabilizador) de «todos tenemos que arrimar el hombro» osea, traducción: si no contribuyes y no salimos de ésta, es por tu culpa. A lo mejor quien más tiene es quien no da nada. Pero oye, nadie va a protestar porque a nadie le han puesto un puñal para donar. Y esta medida no resta votos… Menos aplaudido sería establecer una forma de recaudación pública urgente, propia de una emergencia humanitaria, en la que cada persona tuviera que aportar según lo que tuviera,gestionado por organismos públicos… entonces algunas personas lo harían obligadas y eso, restaría votos, sería menos popular cara a las elecciones aunque fuera más justo, coherente e integrador para toda la ciudadanía.