TRABAJO SOCIAL Y JUSTICIA SOCIAL

Aprendemos con la pandemia… Servicios Sociales «esenciales» y de calidad.

Sólo entendemos cuando nos toca...

Hemos necesitado una pandemia para darnos cuenta del papel tan importante de los 4 pilares del estado de bienestar, sobretodo de tres; la sanidad, la educación y los servicios sociales (la seguridad social ya la teníamos un poco más valorada porque nos tocaba a tod@s). La importancia de que los presupuestos destinados para estos ámbitos sean fuertes y bien gestionados, además de públicos para que podamos acceder toda la población y así mitigar las desigualdades.

También el papel del estado como regulador en el mercado ya que hacía tiempo que grandes entes controlaban las fuerzas del capitalismo y nuestr@s representant@s poco poder tenían en la globalización. Ahora doy las gracias a mi profesora de política social que me hizo estudiar y leer sobre todo ésto y en aquel entonces, me parecía un tostón porque era incapaz de apreciar la cercanía de aquellas ideas.

Por eso, yo le veo algo de positivo a esta situación, las prioridades han cambiado y ya no sólo se preocupan l@s trabajador@s de cada pilar de la defensa del mismo.

Conozco un poco el papel de las ONGs y asociaciones, un poco los servicios sociales públicos y un poco las grandes empresas de servicios. Por eso, me centraré en el cuarto pilar, el más nuevo y el que menos años de evolución tiene, pero no por ello, deja de ser tan importante como los otros tres.

Con los años, he ido constatando que los colectivos vulnerables con los que he trabajado tienen mayores dificultades para unirse y luchar por sus derechos básicos, viven situaciones de precariedad importantes y paralizados por el sentimiento de culpa, sensación de ciudadanos de segunda e impotencia por su realidad. Si hubieran liderado movimientos por no tener que recibir como favor aquello que les pertenece por derecho contemplado en la constitución…otro gallo cantaría…

Para mi la caridad debe ser una medida urgente y puntual ; mejor que no comer, no tener donde dormir, aseo, ropa…pero no sería necesaria si hubiéramos priorizado y dado más presupuesto a los servicios sociales, políticas de empleo (y ahora vemos que nacionales, a poder ser) de integración… pero reales (lo de reales, da para otro post). Recordemos que la caridad tiene efectos secundarios muy dañinos para las personas; perpetúa la vergüenza, el sentido de culpabilidad, de deber un favor, te des-dignifica, baja autoestima … Piensa en ti yendo a un comedor social, si es que no te ha tocado ir ya alguna vez… ¿cómo te sentirías/sentiste? Pues es que son derechos fundamentales que nadie tiene que recibir de forma caritativa.

Ahora ese colectivo de gente vulnerable ha aumentado y personas que nunca habían pensado que necesitarían ayuda, ni se habían planteado estar en esa situación, ven y sienten lo que otr@s han estado pasando durante años. Ahora recuerdan que cuando alguna vez escucharon hablar sobre estas problemáticas sociales, algun@s pensaron (porque no queda bien decirlo) “a mi eso me da igual porque eso no me pasa”” algo habrán hecho para acabar así…”.

Es un buen momento para reaccionar y apostar porque entre tod@s (servicios públicos), saldremos adelante. Much@s perderán algo para que otr@s puedan cubrir sus necesidades dignamente (redistribución) y para ésto, hay que invertir en políticas sociales.

LA PRIVATIZACIÓN DE LOS SERVICIOS SOCIALES: PÉRDIDA ECONÓMICA Y DE CALIDAD.

Por otro lado, si han cambiado las prioridades y ahora nos hemos dado cuenta de la importancia de los servicios sociales, motivo por el cual, los declaramos durante la cuarentena “esenciales” ¿por qué no se invierte en profesionales además de en recursos públicos en vez de voluntarios y recursos privados? Porque hasta la fecha se está externalizando en empresas (por ej. licitaciones), ONGs, Asociaciones y voluntariado, una acción cuya titularidad y obligación de cobertura es pública y debería ser de calidad profesional. Y debería ser así desde ya, desde la emergencia que estamos viviendo. Porque es necesario actuar, pero el cómo también importa.

A ver, reflexionando, una empresa está para ganar dinero por lo que todo el mundo estará de acuerdo que si le damos presupuesto público para que gestione un servicio, la empresa gana dinero, ¿por qué le damos ese dinero a una empresa en vez de gestionar el recurso ESENCIAL directamente? ( Ejemplos de recursos externalizados a empresas: establecimientos residenciales para mayores, servicios de ayuda a domicilio, mediación familiar, apoyo a la integración para familias…). Ahí lo dejo.

Y luego las ONGs Y asociaciones que NO por ser “sin ánimo de lucro” garantizan los mejores servicios de calidad con los profesionales y recursos necesarios. Tienen sus propios intereses, ideologías y demás. La mayoría de las veces no hay una política centrada en las personas de los proyectos sino en crecer de forma global como ONG – Asociación y el recorte. Y tengamos en cuenta que las componen personas (socios, patronos…) que pueden estar sujetos a intereses particulares (muchos son grandes empresarios) y tienen el poder de la organización.

Desde mi experiencia, decir, que he podido conocer varias grandes ONGs – Asociaciones; la explotación laboral, las malas condiciones laborales, la escasez de recursos, la falta de rigurosidad, falta de personal cualificado que cubren con voluntariado, falta de control público… están a la orden del día. Y yo me vuelvo a preguntar ¿por qué no se hace una gestión directa y pública de los recursos que están en manos de estas entidades y así aprovechamos al máximo esos presupuestos y garantizamos el control y calidad?

Otra cosa son los órganos y entidades cuyo fin es la participación ciudadana que mucha gente confunde con las ONGs y asociaciones cuyo objetivo es prestar servicios concertados o con titularidad pública. Los primeros, está claro que deben ser muy activos y crecer para que el ámbito público funcione correctamente. La participación es lo que hace que un servicio no dependa de quién está en el poder para su subsistencia o se tengan en cuentan las verdaderas necesidades de la población. Eso sí, si no participamos, no aportamos y no deberíamos de quejarnos luego…

Concluyendo:  ¿A caso vamos hacia un modelo de otros países europeos donde la fuerza de poder la tienen las ONGs y organismos privados? Si es así, veremos que pronto dejaremos de tener el control público en los ámbitos que eso ocurre, así que como parece que sólo aprendemos a base de golpes en el presente, cuidado no acabemos precisando otra pandemia para darnos cuenta del error.

Esperemos que todos nuestros aprendizajes «pandemiales» no se olviden cuando el coronavirus no protagonice ya nuestra vida.