
Me llama la atención cómo pensamos en nuestra salud mental cuando oímos depresión, ansiedad, trastorno de…, trauma…y encima muchas veces a pesar de haber detectado la sintomatología y ser conscientes, no buscamos ayuda…»más adelante», «otro día»…
Y yo me pregunto, si te hubieras roto una pierna ¿no irías al médico?¿no pararías tu vida para recuperarte? O dirías “nada, ya voy al médico otro día”. Pues ambas situaciones requieren reparar un daño, duelen y te crean un gran malestar incompatible con el desarrollo de tu vida. La diferencia es que una se soluciona con escayola y la otra requiere otro tipo de intervención.
Creo que las dificultades vitales (muertes, traumas, familia no perfecta, toma de decisiones, poner limites, ansiedad por lo que sea, problemas laborales, económicos, falta de autoestima….) son normales y superarlas es parte de nuestro aprendizaje como persona. Hay que colocarlas en nuestra estantería mental, pero eso lleva un proceso, casi siempre lento y depende también de las herramientas que lleves en tu “mochila”. No creo que la solución sea una pastilla, al menos no tanto como se está prescribiendo hasta la fecha, pero nuestra impaciencia y necesidad de inmediatez nos está llevando a medicalizar y eso, tiene también sus consecuencias… (Si te interesa esta temática, este libro puede que te aporte respuestas ; Psicofármacos que matan y demagogía organizada.)
Sé que hay patologías mentales y enfermedades que requieren un tratamiento farmacológico, siempre acompañado de la terapia y recursos necesarios para superarlas o aprender a convivir con ellas, también para adquirir “mochila”.
Las herramientas surgen de los aprendizajes anteriores. Por eso es muy importante tener una actitud proactiva y no lo podemos hacer si NO asumimos la relevancia que tiene la salud mental y su cuidado durante toda nuestra vida. Es necesario afrontar las situaciones y estar atentxs a nosotrxs mismxs para escucharnos, hacernos caso y solventar nuestras necesidades mentales.
Es habitual encontranos con la negación, decir que esa dificultad o enfermedad mental no existe y acostumbrarte a vivir con ella de forma evasiva, pero como yo digo siempre, lo que no se «saca/coloca, podrece y luego, huele mal«. Con el tiempo la persona acumula situaciones sin resolver, se va agotando poco a poco o un día explota y claro, ahí es cuando no entendemos nada y pretendemos aprender de repente TODO, entonces queremos las herramientas que a otr@s les ha llevado toda una vida adquirir.
Para que no pase eso es bueno ir buscando recursos durante todas las etapas vitales que te ayuden al cuidado de la salud mental de forma general al igual que lo hacemos con la física (gimnasio, alimentación, de vez en cuando un fisio si la persona se lo puede permitir…) y ya luego concretamente; que me duele la espalda, pues natación. Cuidados concretos según las características de cada persona y su forma de vida.
Pues lo mismo con la salud mental, cada persona debe buscar sus propios recursos adecuados a sus necesidades (por ej. Mindfulness o talleres concretos; risoterapia, aprender a vivir, entrenar la asertividad, la resolución de conflictos…) y ya para necesidades más concretas, recursos más adaptados (terapia clínica, terapia familiar, programas de deshabituación al alcohol/tabaco, relaciones con la alimentación…) y según vamos evolucionando, nos vamos conociendo mejor y adquirimos nuevas herramientas y cuando eso ya forma parte de nuestra “mochila”, iremos precisando otros recursos más evolucionados.
Mi padre falleció hace pocos meses de una enfermedad respiratoria, él soportó mucha mucha ansiedad, lo que le agravó más la enfermedad y el sufrimiento. Y siempre decía “yo no sabía lo que era la ansiedad hasta ahora”, tod@s habíamos visto a mi padre en situaciones que le producían ansiedad, pero él no le prestaba atención, lo negaba y lo evitaba. Cuando los demás hablábamos de ansiedad, de meditación, de yoga, de relajación….él decía, «¡eso no existe!¡es un cuento!» Y al final de su vida, intentamos que adquiriera rutinas de relajación y meditación, pero su aprendizaje estaba aún en el inicio de su proceso y no podíamos enseñarle lo que a nosotr@s nos había llevado años. Fue muy triste y supuso mucha impotencia, pero ésto me hizo darle más importancia aún al aprendizaje previo para posteriormente beneficiarte de él.
No finalizar sin posicionarme sobre dos cuestiones;
El estigma que supone hablar de la salud mental de forma normalizada.
Me he encontrado muchas veces con personas que al verme hablar así me etiquetan de forma despectiva como una persona con grandes problemas mentales y lo que no entienden, es que todxs los tenemos, ellxs también, por eso es algo que creo debemos normalizar, no sentirnos mal por tenerlos y exteriorizarlos. Los seres humanos somos así. Esas personas aún no han empezado a cuidarse, está claro.
Y dos, la culpabilización.
Hay muchas personas e incluso profesionales que dicen «… que si esta dificultad la sufren este perfil concreto de personas y esta otra dificultad, otro perfil…» Se pasan la vida buscando perfiles de personas a cada situación de salud mental que lo único que logra es culpabilizar a quien reúne las características de ese perfil e incluso perjudica pudiendo poner en marcha una “profecía autocumplida”. Y bueno, yo opino que nadie estamos libres de encontrarnos con determinadas dificultades/enfermedades en la vida. Hay tantos tipos de personas como individuos, muchas variables, situaciones , contextos y con tantas mochilas distintas que aventurarse a generalizar no es nada sólido, veraz, ni aporta nada, más bien, como dije antes, perjudica.

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